¿Qué es la resistencia a la insulina?
La insulina es la hormona que permite que la glucosa entre en las células. Cuando el músculo, el hígado y el tejido graso responden menos a ella, el páncreas compensa produciendo más. Durante años la glucosa puede verse normal mientras la insulina está alta; con el tiempo, esa compensación se agota y aparecen la prediabetes y la diabetes tipo 2.
Señales de alerta
- Cintura aumentada: en población latinoamericana, 90 cm o más en hombres y 80 cm o más en mujeres (criterio de la Federación Internacional de Diabetes).
- Acantosis nigricans: piel oscura y aterciopelada en el cuello, las axilas o los pliegues.
- Triglicéridos altos, colesterol HDL bajo o glucosa en ayunas entre 100 y 125 mg/dL.
- Hígado graso, síndrome de ovario poliquístico o diabetes gestacional previa.
- Familiares directos con diabetes tipo 2.
- Cansancio o mucha hambre después de comer carbohidratos (orientativo, no diagnóstico).
Puedes hacer el test gratuito BIO-PRECISE™ de riesgo insulínico como orientación inicial. No reemplaza la evaluación médica.
¿Cómo se diagnostica?
No existe una sola prueba de rutina. El diagnóstico es clínico y se apoya en varios datos:
- Glucosa e insulina en ayunas para calcular el índice HOMA-IR = (glucosa en mg/dL × insulina en µU/mL) ÷ 405. Los puntos de corte varían según la población y el laboratorio, por lo que el resultado se interpreta en contexto.
- HbA1c y, en casos seleccionados, curva de tolerancia oral a la glucosa.
- Perfil de lípidos (la relación triglicéridos/HDL es un marcador útil) y pruebas hepáticas.
- Composición corporal con bioimpedancia, en especial grasa visceral y masa muscular.
¿Por qué es importante tratarla a tiempo?
La resistencia a la insulina se asocia con prediabetes, diabetes tipo 2, hígado graso, síndrome de ovario poliquístico, colesterol alterado y mayor riesgo cardiovascular. La buena noticia es que suele ser reversible cuando se detecta temprano.
Tratamiento
Ejercicio: el tratamiento más potente
El músculo es el principal consumidor de glucosa. El entrenamiento de fuerza aumenta la masa muscular y, junto con el ejercicio aeróbico, mejora la sensibilidad a la insulina desde las primeras semanas.
Alimentación
Menos bebidas azucaradas, harinas refinadas y ultraprocesados; más proteína, fibra, verduras y granos enteros, con porciones adaptadas. No se trata de eliminar grupos de alimentos, sino de ordenar cantidades y combinaciones.
Sueño y estrés
Dormir poco de forma crónica empeora la sensibilidad a la insulina. Se incluye en el plan.
Medicación en casos seleccionados
Según el perfil de cada persona, pueden indicarse metformina o, si hay obesidad asociada, agonistas GLP-1. Siempre como complemento de los cambios de hábitos.